Parte I — Lo funcional
Parte II — Lo cotidiano
Parte III — Lo emocional
Parte IV — Hacer las paces
Extras
Este libro no te va a cambiar la vida. Eso ya lo hacen otros. Con ilustraciones bonitas y frases que suenan bien en Instagram y te dejan con una sensación cálida de que mañana será diferente.
Este libro es más bien para que te rías un poco, te reconozcas bastante y te sientas, durante unas páginas, menos sola en el lío que es tener treinta y tantos y una cabeza funcionando a tope mientras el resto del mundo parece haberse enterado de cómo se hace esto.
Spoiler: nadie se ha enterado.
No hay aquí grandes revelaciones. Ni consejos de productividad. Ni técnicas milagrosas para gestionar la ansiedad, los vínculos, la hipoteca emocional o la extraña sensación de que tu agenda tiene vida propia y tú solo eres su huésped.
Hay, eso sí, mucho reconocimiento. Mucho "esto también me pasa a mí". Mucho humor del bueno —el que sale cuando algo duele pero ya no tanto como antes— y algunas reflexiones que suenan más a psicóloga de guardia que a coach motivacional.
Que es exactamente lo que soy.
Bienvenida, treintañera. Estás en casa.
— V.
"yo, más o menos"
Hay dos tipos de personas: las que tienen agenda y las que dicen que no la necesitan. A las segundas no las creo. Nadie llega a los treinta con su cabeza intacta sin algún tipo de sistema de contención.
"No tengo fobia al compromiso.
Tengo el calendario lleno."
Mi agenda tiene secciones. Subsecciones. Código de colores. Un apartado para "cosas urgentes", otro para "cosas importantes que siempre acaban siendo urgentes el último día" y una última página llamada, oficialmente, aspiraciones. Sin tocar desde marzo.
La agenda me salva y me condena a partes iguales. Porque la miro y me siento organizada. Y luego miro la hora y son las once de la noche y todavía me quedan cuatro tareas del miércoles.
Contestas un correo con "¡Perfecto! Sin problema" mientras por dentro suena una alarma de evacuación.
Sobre el piloto automático. Funcionar tiene muy buena prensa: nadie sospecha de quien llega, cumple, compra detergente y sonríe. Pero a veces funcionar es solo una forma elegante de no parar a mirar cuánto pesa todo.
Hay días en que el único logro real es haber existido sin desmoronarte. Eso también cuenta.
La diferencia entre funcionar y vivir es pequeña pero se nota: una tiene agenda, la otra también tiene pausa.
"No eres una máquina eficiente. Eres una persona intentando llegar al viernes."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
Funcionar no es lo mismo que estar bien. Pero hoy has hecho las dos cosas.
Te pones el corrector con precisión de restauradora del Prado y llegas puntual. Nadie sabe que llevas operando con un 12% desde el martes.
El cansancio con buena presencia es una forma de arte contemporáneo: por fuera, look cuidado; por dentro, un hámster en una rueda redactando catástrofes.
No siempre necesitas motivación. A veces necesitas dormir, una tortilla y que alguien te diga que no tienes que rendir al cien por cien para merecer ocupar espacio.
Hay un tipo de cansancio que no se cura con vacaciones: se cura con menos exigencia y más permiso.
"No necesitas brillar todo el rato. Con no apagarte ya haces bastante."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
El cansancio no te hace débil. Te hace humana. Y eso ya es bastante.
Entras en la cocina. Hay migas. Vives sola. Es casi paranormal.
La casa adulta tiene vida propia: la ropa coloniza sillas, el polvo firma manifiestos y siempre hay un tupper en la nevera con una biografía que prefieres no investigar.
Una casa real no parece de revista. Parece habitada. Y eso, aunque nadie lo diga, es exactamente lo que debe parecer.
El problema no es la casa sucia. El problema es la culpa que se acumula encima de la casa sucia. Son dos capas de desastre.
"Tu casa no necesita estar perfecta. Solo necesita que puedas respirar dentro."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
Tu casa no te juzga. Tus plantas a veces sí, pero con cariño.
Un correo llega con "cuando puedas" en el asunto. Lo que significa: ayer, a ser posible antes de comer.
El trabajo quita el brillo de manera educada. Reuniones que podrían ser un párrafo. Urgencias que no salvan vidas. Una sonrisa profesional que llevas puesta como uniforme desde hace meses.
El síndrome de la impostora no te dice que no sabes: te dice que en cualquier momento alguien va a descubrir que no lo tienes todo tan claro. Spoiler: nadie lo tiene.
Tu vida no empieza cuando cierras el portátil. Ya estaba pasando mientras respondías correos con el café frío.
"Tu productividad no es la única prueba de que existes."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No eres tu productividad. Aunque a veces el mundo intente convencerte de lo contrario.
Te agachas a recoger algo del suelo y haces un sonido que antes atribuías a los muebles viejos.
El cuerpo empieza a mandar circulares a partir de cierta edad. Ya no acepta cuatro horas de sueño como modo de vida ni cenas imposibles a las once. No se rebela: presenta condiciones laborales.
Hay una diferencia entre cuidar el cuerpo y castigarlo por no cumplir estándares que nadie te pidió adoptar. La primera cuida. La segunda agota.
La relación con el propio cuerpo mejora cuando dejas de tratarlo como un proyecto de mejora continua y empiezas a tratarlo como alguien que te acompaña.
"Tu cuerpo no se está rebelando. Está poniendo condiciones laborales."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
Tu cuerpo no es tu enemigo. Es el único sitio donde puedes vivir.
Ves "escribiendo..." tres segundos. Para. Vuelve. Para. Tu sistema nervioso ya ha convocado una junta de emergencia.
Los vínculos adultos son una mezcla de cariño genuino, cansancio logístico y la mejor de las intenciones con la peor de las agendas. A veces viste el mensaje, sí. Pero lo vio una versión tuya sin batería emocional disponible.
Querer bien no debería exigir desaparecer de una misma. Los vínculos que te piden todo el oxígeno no son vínculos: son condiciones de trabajo.
"Perdona, acabo de ver esto" puede ser verdad, mentira o las dos cosas a la vez. Y está bien. El tiempo no siempre es personal.
"Querer no debería pedirte que abandones tu propio centro de operaciones."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
Querer bien también significa conocer tus límites. Incluso con las personas que más quieres.
Añades una vela al carrito para crear ambiente. El ambiente ahora cuesta 68,90 euros más gastos de envío.
El carrito online tiene algo de terapeuta barato: escucha, no juzga y promete que con el pedido adecuado todo irá mejor. Spoiler: el pedido llega. El malestar también.
El dinero parece un tema práctico pero toca todas las inseguridades al mismo tiempo: lo que mereces, lo que eres, lo que te permites.
La diferencia entre un gasto emocional y uno necesario es que el primero alivia diez minutos y el segundo te alegra el martes siguiente.
"El carrito online no es terapia. Aunque lo intente con todas sus notificaciones."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No toda compra es un capricho. Y no todo capricho es un error. Pero el carrito a las 23:00 merece una pausa.
Llevas veinte minutos mirando el techo. No estás pensando en nada. O en todo. Da igual. No te mueves.
Hay una diferencia entre no querer hacer algo y no poder hacerlo porque el sistema nervioso lleva semanas en modo emergencia. La pereza tiene mala fama, pero muchas veces lo que llamamos pereza es saturación con buena presencia.
No toda pausa es renuncia. A veces parar es la única forma de no caerse.
El descanso que viene precedido de culpa no descansa del todo. Pero sigue siendo mejor que no descansar.
"No era pereza. Era el cuerpo enviando una señal de socorro con acento muy educado."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No era pereza. Era tu sistema nervioso pidiendo vacaciones con muy poca antelación.
Alguien te pide algo que no puedes dar. Dices "sin problema" con una sonrisa. Por dentro, algo pequeño se rompe.
Los límites no son muros: son información sobre dónde terminas tú y dónde empieza todo lo demás. El problema es que nadie te enseñó a ponerlos sin sentirte culpable, egoísta o poco generosa.
"Sin problema" cuando hay un problema es un contrato que firmas con letra pequeña que solo lees tú.
Decir no no es rechazar a alguien. Es proteger algo tuyo para poder seguir dando desde un sitio que no esté vacío.
"Un no a tiempo vale más que diez síes desde el agotamiento."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No eres menos generosa por protegerte. Eres más sostenible.
Abres Instagram. Cinco stories de rutinas matinales con doce pasos. Cierras. Te preparas el café. Eso también cuenta.
El autocuidado de revista tiene demasiados pasos, demasiados productos y demasiado tiempo libre que nadie tiene. El autocuidado real es más aburrido y más efectivo: dormir, comer, beber agua, parar cuando el cuerpo lo pide.
Cuidarse no siempre es un ritual de lujo. A veces es cancelar un plan, no responder un mensaje que te agota o comerte el sándwich sentada en vez de caminando.
La industria del bienestar vende la idea de que el autocuidado requiere inversión. A veces solo requiere permiso.
"Cuidarte no siempre es un ritual. A veces es solo parar."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No necesitas una rutina de doce pasos. Necesitas dormir, agua y un poco de amabilidad contigo misma.
No te levantas gritando "soy poderosa". Te levantas, pones el café y decides no hablarte como si fueras tu peor enemiga. Eso también es autoestima.
La autoestima no siempre es audaz ni ruidosa. A veces es el volumen bajo de una voz interior que deja de insultarte.
No hace falta levantarse sintiéndose extraordinaria. Basta con no tratarse como una becaria incompetente de la propia vida.
La autoestima discreta no aparece en las fotos de motivación. Aparece cuando decides no compararte con alguien que tiene una vida completamente diferente a la tuya y llamarlo fracaso propio.
"No tienes que sentirte poderosa todos los días. Basta con no aplastarte."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No hace falta ser extraordinaria todos los días. Bastante es no ser tu propia enemiga.
Ordenas un cajón. Solo uno. Pero durante tres minutos hay un rincón del mundo que responde a tu voluntad. No es poco.
No todas las decisiones tienen que ser transformadoras para importar. A veces la diferencia entre un día soportable y uno que no lo es está en cosas diminutas: responder un mensaje pendiente, comprar algo de fruta, dormir antes de las doce.
El problema de esperar a la gran transformación es que mientras llega, el martes no mejora solo.
Los cambios pequeños no son la versión inferior de los cambios grandes: son los que realmente se sostienen.
"No todo tiene que cambiar para que algo mejore."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No tienes que cambiar todo. Solo hacer una cosa que el martes que viene te alegre haber hecho.
Te miras y ves a alguien que está haciendo lo que puede. Que falla a veces. Que tiene buenas intenciones casi siempre. Que merece un poco más de margen del que se da.
Hay una fantasía de la versión mejorada de una misma: más organizada, más disciplinada, más todo. El problema es que mientras esperas a serlo, la versión actual —que es la real— no recibe demasiado trato amable.
Hacer las paces con una misma no es rendirse. Es dejar de tratarse como un proyecto fallido y empezar a tratarse como alguien en proceso.
No eres una versión defectuosa de lo que podrías ser. Eres la versión que está aquí, funcionando, intentándolo.
"No eres una versión fallida. Eres una versión en proceso."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
La versión de ti que merece cuidado no es la futura. Es esta, ahora mismo.
No es la vida que imaginabas con veinte años. Es mejor en algunas cosas, más complicada en otras, y completamente tuya.
No hace falta tenerlo todo claro para empezar a vivir. La vida que merece la pena no siempre tiene el aspecto de lo que vendían en los planes de futuro de los dieciocho años.
Una vida suficientemente tuya no es perfecta: es habitable. Es un sitio donde caben tus contradicciones, tu cansancio y también tus momentos de claridad.
La adultez no se gana cuando tienes todo resuelto. Se vive mientras lo vas resolviendo, con más o menos gracia según el día.
"No necesitas tenerlo todo. Solo necesitas algo que sea suficientemente tuyo."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
No necesitas una vida perfecta. Necesitas una que puedas llamar tuya con cierta tranquilidad.
Llegaste al final. O al principio. Depende del día.
Este libro no te ha curado. Tampoco era ese el plan.
Pero si has llegado aquí es porque algo en alguna página resonó. Quizás te reíste un poco. Quizás algo dolió justo lo necesario para que después aliviara. Eso ya es bastante.
Regular no es el problema. Regular es, la mayoría de los días, la verdad de mucha gente que funciona, que cuida, que intenta y que algunas noches mira el techo preguntándose si lo está haciendo bien. La respuesta, casi siempre, es que sí.
"Regular también es una forma completamente válida de estar viva."
Cosas que nadie te explicó
Regular, pero con estrategia
Si hoy solo puedes estar regular, también cuenta. Mañana se verá.
* Lo que sigue puede ser real, puede ser inventado o puede ser las dos cosas. Tú decides.
Vanesa tiene treinta y tantos, una consulta donde escucha a gente que finge estar bien y un portátil lleno de documentos con nombres como "borrador_final_ESTE_v4.docx". Estudió Psicología porque quería entender a las personas y terminó entendiéndose a sí misma más de lo que le apetecía.
Vive en algún lugar de España con una planta que sobrevive por pura voluntad propia y un horario que ella llama "flexible" y su cuerpo llama "caos". Le gustan el café con leche, los domingos sin plan y las conversaciones que empiezan con "es que nadie entiende esto, pero..."
Escribe porque tiene cosas que decir y porque descubrió que el humor es la forma más honesta de hablar de lo que duele sin que nadie salga corriendo. Este libro es, en parte, su historia. En parte, la tuya. En parte, la de esa amiga que siempre dice "estoy bien" con una sonrisa demasiado rápida.
"Escribe sobre lo que conoces.
Yo conozco el caos funcional."
Si quieres escribirle, contarle que algo resonó, preguntarle algo o simplemente decirle que el capítulo del tupper te pareció demasiado real, puedes hacerlo en:
✉ vanesssasalmeronvega@gmail.com
Responde cuando pueda. Que a veces también tiene el modo avión activado.
Este libro forma parte de la Colección Vida Adulta.
Más volúmenes en camino. Porque hay mucho más que regular que contar.
¿Burnout o solo lunes?
(responde con honestidad, no hay trampa ni corrección burocrática)
Te despiertas cansada antes de que empiece el día.
Tienes 3 conversaciones pendientes que "ya contestarás".
Tu plan ideal para el fin de semana es no tener plan.
La app de meditación lleva 3 semanas notificándote en vano.
Has dicho "estoy bien" cinco veces hoy y solo una era verdad.
Tienes un tupper en la nevera de origen desconocido.
Tu planta te mira con una cara de "sé tú misma, pero riégame".
Has pensado más de una vez en irte al monte. Con WiFi.
Si has marcado 3 o más:
Hola. Bienvenida al club. No necesitas diagnóstico, necesitas este libro y una persona que te escuche sin darte consejos no pedidos.
La colección completa
by Vanesa Vega
Libros para mujeres que funcionan,
pero con pestañas abiertas en el alma.
Estoy bien, pero regular
Treintena, autoexigencia, amigas, terapia y cansancio funcional. El libro que lo empezó todo.
No era esto ser adulta
Trabajo, facturas, burocracia y el cansancio existencial de saber hacer las cosas pero no querer.
Me quiero ir a vivir al monte
Burnout, redes sociales y la necesidad urgente de desconectar. Con WiFi, por supuesto.
Lo hablamos en terapia
Vínculos, límites, culpa y autocuidado sin postureo de bienestar.
Amigas, drama y otras medicinas
Amistad adulta, grupos de WhatsApp, distancias y lo que cuesta mantener a las tuyas.
Treinta y pico: edición extendida
Cuerpo, identidad, pareja, maternidad y el futuro, esa cosa tan ambiciosa.
Colección Vida Adulta · Vol. 01
"Este libro no te va a cambiar la vida.
Pero quizás te ayude a reírte de ella
mientras la cambias tú sola."
Para las que funcionan, aguantan, se ríen cuando no toca y siguen sin tener claro del todo qué están haciendo.
Que somos muchas. Y estamos bien. Pero regular.
VANESA VEGA
vanesavega.pro